La mayor parte de las grandes empresas trabajan hoy en día con distintos sistemas informáticos que les permiten detectar las pérdidas que tienen sus respectivos negocios.

Los datos se obtienen básicamente a través de inventarios trimestrales; inventarios parciales inesperados (sin previo aviso); el control de las mermas pensando y valorando al detalle cuándo es necesario realizar nuevos pedidos; artículos con fechas caducadas; control informático de facturación (y sus fallos); o artículos rotos o en mal estado.

Hay también algunas empresas que en sus inventarios incluyen aún el término ‘pérdida desconocida’: son esas mercancías que no aparecen por ningún lado pero que inicialmente estaban registradas y que han desaparecido sin dejar, aparentemente, ningún rastro.

Según publica El Barómetro (publicación que informa sobre datos e incidencia del hurto en la distribución), en el año 2015, en España, los establecimientos informaron de un índice de pérdida desconocida del 1,33% con un coste de aproximadamente 3.300 millones de euros en pérdidas.

En lugar de ‘pérdida desconocida’ a eso debería llamársele mala gestión, porque la tecnología ha evolucionado tanto que todas esas fugas son detectables al 100% con la teleobservación, el sistema que permite el análisis pormenorizado de un negocio a través las cámaras del circuito cerrado de televisión.

Con ese sistema podrás ir más allá y saber los artículos que no se han cobrado; las ventas sin tícket; las ventas fraudulentas; y los robos de mercancía (tanto internas por parte de tus empleados como externas, de proveedores y clientes).

Es además una herramienta que mejora enormemente los procedimientos de trabajo de cualquier negocio: desde el servicio que se ofrece al cliente a la productividad de los empleados, pasando por cómo se trata la mercancía desde que entra y hasta que sale del establecimiento; y por supuesto conociendo dónde, cómo, cuando y por qué se producen las roturas de stock.

Los datos de numerosas empresas que trabajan con la teleobservación certifican el espectacular descenso de sus pérdidas en esas parcelas y la consecuente mejora de sus negocios, pues reducen los costes por “perdida desconocida”.

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